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Omega 3: un futuro tratamiento de la enfermedad de Parkinson

Parkinson's Disease!

Temblores.

Balbuceos.

Movimientos lentos.

50.000 casos nuevos cada año.

Sin cura.

 

1998 fue el año en que la enfermedad de Parkinson llegó a la conciencia pública. Michael J. Fox anunció su diagnóstico e hizo que la enfermedad fuera más conocida. En los años que han pasado desde su declaración, se han realizado muchas investigaciones sobre la enfermedad, aunque aún se desconoce qué es exactamente lo que la provoca o cómo curarla. Sin embargo, sí sabemos cómo funciona y ese conocimiento está sacando a la luz algunas cosas inesperadas que podrían ayudar a curar la enfermedad de Parkinson. Una de esas «cosas» se puede encontrar en una simple cápsula amarilla: el omega 3.

Se sospecha que la enfermedad de Parkinson (EP) es provocada bien por la genética, bien por la exposición a ciertas toxinas y virus, pero no hay pruebas contundentes de que estos factores influyan activamente en el desarrollo de la EP. Aunque la ciencia actualmente no puede aportar una explicación de por qué se desarrolla la EP, varias investigaciones han ayudado a determinar cómo se desarrolla. La EP comienza en una parte del cerebro medio llamada «substantia nigra» (sustancia negra). Es un conjunto de neuronas con pigmentación oscura por la melanina. Aquí es donde se sintetiza el neurotransmisor «dopamina». La dopamina se asocia comúnmente con la depresión porque está vinculada a los estados de ánimo y a las emociones, pero tiene muchas más funciones además de controlar el estado de ánimo. De hecho, desempeña una función muy importante en el movimiento y la coordinación motora.

La situación empieza a empeorar cuando las neuronas de la sustancia negra empiezan a morir. Sin esas neuronas, la dopamina se deja de sintetizar. Cada neurona que muere implica que habrá menos dopamina en el cerebro. Después, la falta de dopamina provoca hipocinesia (movimientos lentos), discinesia (movimientos incontrolados) o temblores, problemas posturales y balbuceos: los rasgos característicos de la enfermedad de Parkinson. Se trata de una enfermedad progresiva, así que la falta de neuronas y de dopamina empeora con el paso del tiempo.

Se ha demostrado que los ácidos grasos omega 3 son neuroprotectores. Conforman una buena parte del cerebro, así que son esenciales para mantener una salud cerebral óptima. Por tanto, no es difícil llegar a la conclusión de que podrían ser útiles en lo referente al funcionamiento incorrecto de partes del cerebro. Tal y como ocurre con muchas dolencias relacionadas con el cerebro, las personas que consumen menos omega 3 corren un mayor riesgo de desarrollar la EP. La deficiencia de omega 3 se ha vinculado a una disminución de la producción de dopamina y a una reducción de los receptores de dopamina en el cerebro, así que está firmemente establecido que los ácidos grasos omega 3 sí tienen un efecto en la actividad de la dopamina.

Un par de estudios han destacado las propiedades neuroprotectoras del omega 3 en relación con la EP. A pesar de que es necesario llevar a cabo más investigaciones sobre el tema, algunos de los resultados parecen prometedores. Sugerían que el omega 3 podría proteger contra la discinesia y la hipocinesia, y los participantes del estudio mostraron mejoras en estos síntomas. Este nivel de protección no evitará que los síntomas se desarrollen con el tiempo, pero se sugiere que el omega 3 podría posponer la aparición de los síntomas en los pacientes en las primeras fases de la enfermedad. Otro estudio descubrió que el omega 3 también protegía contra la muerte de las células neuronales que sintetizan la dopamina, y concluía que el omega 3 tiene el potencial para usarlo como tratamiento complementario para la EP.

La inflamación en el cerebro está vinculada a la EP. La gravedad de los síntomas parece estar relacionada con la cantidad de inflamación presente: una mayor inflamación equivale a unos síntomas más graves. La inflamación contribuye a la muerte de las células neuronales, provocando que la tasa de muerte aumente y acelerando la progresión de la enfermedad. Como antiinflamatorio, los ácidos grasos omega 3 pueden reducir la cantidad de inflamación que tiene lugar. En la dieta occidental, el omega 6 se consume mucho más que el omega 3. A diferencia del omega 3, los ácidos grasos omega 6 favorecen la inflamación. Estos dos tipos de ácidos grasos son como el yin y el yang: ambos son buenos a su manera, pero se necesitan mutuamente para equilibrarse. Utilizar suplementos de omega 3 ayuda a mantener la proporción entre omega 3 y omega 6 en un nivel equilibrado, y eso mantiene las propiedades proinflamatorias del omega 6 bajo control, provocando una menor inflamación general. A causa de esto, el omega 3 podría ayudar a reducir la progresión de la EP limitando la cantidad de inflamación, que ralentizaría la tasa de muerte de las células neuronales.

Uno de los síntomas de la EP del que no se habla mucho es la depresión. Como la dopamina tiene un gran impacto en el estado de ánimo, la carencia de esta lleva a un aumento del riesgo de desarrollar síntomas depresivos. Ya se ha confirmado que el omega 3 resulta de ayuda para combatir la depresión, y eso también se aplica a la depresión relacionada con la EP. En un estudio de 2008, mostró beneficios considerables en los pacientes de EP que sufrían estos síntomas. La mejora se observó en un periodo de 12 semanas con un método doble-ciego controlado con placebo. De los 29 participantes, 14 tuvieron una reducción de los síntomas igual o superior al 50%, y 7 tuvieron una mejora tan importante que se les consideró en fase de remisión de la depresión.

Aún no hay cura para la enfermedad de Parkinson, pero estamos descubriendo nuevas formas para ayudar a controlarla y a retrasar el avance. Los ácidos grasos omega 3 han mostrado un gran potencial en lo referente a ayudar a pacientes a tratar los síntomas de esta enfermedad, y posiblemente incluso a prevenirla. Se necesitan más estudios que involucren a participantes humanos para determinar el efecto total de los ácidos grasos omega 3 en la EP, pero las pruebas actuales permiten abrigar la esperanza de que esa pequeña cápsula de aceite de pescado que encontramos en los estantes de la farmacia pueda contener un elemento clave para mejorar las vidas de quienes padecen esta enfermedad.

Referencias

Bousquet, M., Calon, F., & Cicchetti, F. (2011). Impact of omega-3 fatty acids in Parkinson’s disease. Ageing Research Reviews, 10(4), 453-463. doi:10.1016/j.arr.2011.03.001

Bousquet, M., Saint-Pierre, M., Julien, C., Salem, N., Cicchetti, F., & Calon, F. (2007). Beneficial effects of dietary omega-3 polyunsaturated fatty acid on toxin-induced neuronal degeneration in an animal model of Parkinson’s disease. The FASEB Journal, 22(4), 1213-1225. doi:10.1096/fj.07-9677

Delattre, A., Kiss, Á, Szawka, R., Anselmo-Franci, J., Bagatini, P., Xavier, L., . . . Ferraz, A. (2010). Evaluation of chronic omega-3 fatty acids supplementation on behavioral and neurochemical alterations in 6-hydroxydopamine-lesion model of Parkinson’s disease. Neuroscience Research, 66(3), 256-264. doi:10.1016/j.neures.2009.11.006

Paddock PhD, C. (2013, August 29). Parkinson’s severity linked to brain inflammation. Consultado el 2 de septiembre de 2015.

Silva, T., Munhoz, R., Alvarez, C., Naliwaiko, K., Kiss, Á, Andreatini, R., & Ferraz, A. (2008). Depression in Parkinson’s disease: A double-blind, randomized, placebo-controlled pilot study of omega-3 fatty-acid supplementation. Journal of Affective Disorders, 111(2-3), 351-359. doi:10.1016/j.jad.2008.03.008

Desconocido (fotógrafo). (2014 sept). No name[imagen digital]. Tamaño modificado. Obtenida en https://pixabay.com

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